El primer largometraje animado de la historia

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Por Raúl Manrupe *

Argentina. País curioso. Por tener un alto porcentaje de inmigrantes o por estar alejados del resto del mundo (del mundo aspiracional para un argento: Europa o EE.UU.) siempre hubo y hay una intención de hacerse notar. O hacerse ver. Como el faro del fin del mundo que Julio Verne ubicó en Tierra del Fuego. Acá estamos. Dijeron los que llegaron navegando semanas. Y los que nacieron acá, en las salvajes pampas.

Quirino Cristiani llegó de Italia (era de Pavía) y se hizo ver: era nudista. Pero aparte de eso, se hizo ver realizando el primer largometraje de dibujos animados de la historia del cine mundial. Algo que no deja de sorprender a nativos y extranjeros. Fue en 1917, El Apóstol se llamó la peli.

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La idea fue de Federico Valle, pionero de los noticieros cinematográficos, que contrató al joven ítalo argentino para que lo realizara. Cristiani ya venía animándose a hacer caricaturas animadas para los últimos momentos de cada Film Revista Valle, y hasta se animó con un corto La intervención de la Provincia de Buenos Aires. El desafío ahora sí que fue mayor. Demasiado, para los espíritus no innovadores.

Se trataba de hacer un largometraje de dibujos animados. Algo que no existía. Eso sí que podía ser hacer la América. ¿Cómo lo hizo? Cortando miles y miles de muñecos de cartón…que animó cuadro a cuadro, aprendiendo sobre la marcha. Cincuenta y ocho mil dibujos basados en caricaturas del dibujante más popular de la época, Diógenes Taborda. El protagonista era el presidente Hipólito Yrigoyen y otros políticos de la época. Los muñecos bidimensionales, de una altura de unos veintipico de centímetros, estaban dibujados en blanco sobre cartón negro. Esto los hizo más fácil de manipular sin ensuciarse tanto, después de filmados, se hacía una copia en negativo y se veían blancos con línea negra. El éxito de El Apóstol fue tal que impuso el cine en continuado: se daba hasta seis o siete veces por día. Para Cristiani no fue un gran negocio. Sí lo fue para su fama y posterior ocupación. Trabajó para el departamento de publicidad de la MGM en Buenos Aires, realizando afiches, fue pionero en realizar comerciales y siguió haciendo dibujos animados, hasta llegar a otra sátira sobre Yrigoyen, Peludópolis (1931) , que es el primer largo animado sonoro (también) del mundo y que no anduvo porque se estrenó cuando el anciano mandatario había sido derrocado. Se iba la belle epoque y las locuras argentinas.

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Después no reincidió en el largo, y de su producción, perdida como tanta en la historia del cine nacional, sólo se conserva el corto El mono relojero (1938). En 1942 Disney vino a la Argentina y cuando vio su trabajo quiso contratarlo. Cristiani no quizo y el recomendado entonces fue Molina Campos. Sus películas se perdieron en incendios de su laboratorio, que estuvo en actividad hasta comienzos de los sesenta, cuando se retiró a Unquillo, en Córdoba.

Después se dedicó por años al subtitulado de películas y fue homenajeado y olvidado cíclicamente. Cuando en los ochenta se hizo una serie de inventores, una fue dedicada a Cristiani. Para los libros e historiadores de Europa, Cristiani es rconocido como el pionero e innovador que fue. Para los de Estados Unidos, no existe. En los primero años de este nuevo siglo se filmó en la Argentina un documental sobre la aventura de Quirino. Es un documental inglés, realizado por un italiano: Quirino Cristiani – The Mystery of the First Animated Movies de Gabriele Zucchelli (2009)

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* Es autor de “Breve historia del dibujo animado en Argentina”, Libros del Rojas, 2004.

Cristiani por Cristiani
Making of de Peludópolis (mudo)

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