Paracaidismo en Chascomús

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Por Javier Lubenfeld

Hay cosas en la vida que son para hacer solo y otras acompañado con amigos. En este caso nos juntamos con Erika, Elena y Jesús, para experimentar juntos la adrenalina de saltar en paracaídas.

Salimos muy temprano para aprovechar el día! Y así fue. Cargamos el mate, algo para picar en el viaje y a la ruta. El sol que asomaba con un cielo completamente celeste, ideal para vivirlo desde el aire y literalmente volarlo.

nuestros-viajes-paracaidismo-chascomus-argentina-054-1Poco menos de 120km desde Capital y, entre mates y charla de lo que estábamos por vivenciar, llegamos al Aeródromo Municipal de Chascomús. A caminarlo un poco, observando las avionetas, tocándolas, sacando fotos. Estaba muy cerca del momento que tanto esperé.

Un rato después, la gente de SkyDive Center nos dio una charla explicativa de las posiciones a realizar al momento del salto y luego a esperar tranquilos, disfrutando el momento, el día y la compañía.

Llaman a Erika y a Elena para que se vayan preparando. Las damas primero. Suben a la avioneta y un ratito después las pierdo de vista en el cielo. De repente se distinguen 2 puntitos cayendo por el infinito cielo despejado, se llegan a escuchar gritos desde abajo… sí ¡son ellas! Una vez que tocan suelo, su emoción, sus caras y sus palabras,  me llenan de energía y aún más adrenalina.

Era mi turno y el de Jesús. Seba, el paracaidista con el que iba a volar, me ajusta los arneses, me cuenta cómo es el salto y, cámara en mano, va registrando toda la aventura.

Subimos a la avioneta, motores en marcha y a despegar (¡volar en una de esas es algo genial!) unos 20 minutos hasta llegar a una altura de 3.000 metros (o bien 10.000 pies en lenguaje aéreo), momento en el que se abre la puerta: ruido, viento, nervios, miles de sensaciones, primero saltó Jesús (lo segui con la mirada y en 2 segundos lo vi desaparecer), después nos paramos con un pie fuera de la avioneta, respiro muy profundo, ojos bien abiertos, mente en blanco y a disfrutar… ¡¡¡fuera abajooo!!!

Durante unos segundos veo como el avión daba vueltas y vueltas, hasta que me doy cuenta ¡que era yo quien estaba dando esas vueltas!

Aproximadamente 45 segundos de caída libre, el corazón a 1.000 latidos por segundo, gritando a más no poder, no de miedo, sino de emoción y todas las sensaciones que activan todos los sentidos del cuerpo y de la mente. Sin noción del tiempo, de la velocidad, del momento, de repente estaba con los brazos abiertos cayendo a unos 200km por hora, viviendo algo realmente alucinante e inexplicable.

¿Mucho viento en la cara? ¿Mucho frío? No, sí, no sé, a veces… imposible contestar esas típicas preguntas. En el momento no siento más que ¡¡¡pura adrenalina!!!

¿Sensaciones? ¡Todas!

¿Miedo? ¡Ninguno!
Una vez abierto el paracaídas, se siente una relajación tremenda, las revoluciones bajan un 100%. Disfrutás del entorno, el paisaje, una hermosa vista de la ciudad de Chascomús con su gran laguna debajo mío. Pero esto no termina ahí, se viene la segunda parte del vuelo. Seba me dice ¿preparado para unas vueltas? ¡Claro que sí! El paracaídas en una misma posición como un eje, y nosotros girando con mucha fuerza a más no poder para un lado y para el otro.

Aterrizamos con sólo dar un paso, unos segundos de silencio, hasta darme cuenta que ya tenía los pies sobre la tierra. Eso me bastó para darme vuelta y agradecerle con un abrazo a Seba.

Simplemente una experiencia que te deja los 5 sentidos encendidos.

Luego fuimos a la laguna, que tanto apreciamos desde el cielo, para disfrutar unos sandwichitos con unos mates en la orilla, para terminar de cerrar este tremendo día.

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¡VIVÍ #TUEXPERIENCIA!

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