Magiclick: la chispa mágica

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Por Rael

La fotografía acabaría con la pintura, el cine con el teatro, la tele con la radio y los videoclubes con los cines. Y Argentina iba a ser un país altamente industrializado.

Las primeras predicciones se cayeron por su propio peso. La última no parecía tan utópica e iba camino a concretarse, hasta que las políticas de apertura indiscriminada de importaciones (en los 70 y en los 90) debilitaron al máximo a aquella aspiración. Pero, mientras duró, generó muchas innovaciones. Y entre las más entrañables está el Magiclick, producto de una de esas empresas que el sueño había generado y la realidad se devoró: Aurora.

En 1963 el dueño de aquella empresa trae de Japón un novedoso dispositivo que se aplicaba en las cocinas y generaba la chispa que las encendía. Le pidió a Hugo Kogan (director de diseño) que instrumente su aplicación en los artefactos fabricados por Aurora.

Kogan fue más allá: creó un artefacto autónomo (no requería pilas, conexión eléctrica ni recargas), que podía usarse en las cocinas propias y las de otras marcas, en las ya existentes y en las nuevas. Y, se suponía, en las del futuro.

El practiquísimo aparatito recibió el nombre de Magiclick y enamoró al mercado: se pensó que se venderían 5.000 clicks mágicos pero pocos meses después, Aurora fabricaba 80.000 por mes. Y en no mucho tiempo la empresa abrió plantas en Brasil y en España. Y todo gracias al Magiclick.

El producto era de por sí muy atractivo funcional y estéticamente, aún cuando su diseño y colores fueron variando a lo largo de su existencia. Pero había un detalle que se convertiría en su sello: la vida útil del dispositivo que generaba la chispa estaba medida en un millón doscientos mil chispazos y, proyectando el uso del Magiclick en una casa familiar, se le pronosticaron unos 30 chispazos diarios. El cálculo daba para ofrecer una garantía de altísimo efecto publicitario: 104 años.

Hoy tanto Magiclick como Aurora existen como marcas pero en manos de distintas empresas sin relación con aquella que había crecido gracias a los chispazos de este invento y que terminó tropezando con las piedras que la historia económica argentina puso en su camino.

Allá quedó aquella época, en la que tranquilamente alguien pudo haber predicho que el Magiclick acabaría con los fósforos. Y que Argentina iba a ser un país altamente industrializado.

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