La pelota de Bell Ville

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Por Rael / Fotos del monumento: Lisandro Paolini

En Argentina pareciera que cada ciudad es una capital nacional de algo: del trigo, del salame, del folklore, del carnaval, del arroz, del malambo, del trekking, del helado artesanal, del pulóver, del arándano, del vidrio, del algodón. Y, como no podía ser de otra manera en un país tan pero tan futbolero, tenemos la capital nacional de la pelota de fútbol, con su respectiva fiesta nacional en enero de cada año.

Se trata de Bell Ville, provincia de Córdoba. Y tiene una razón bien contundente para serlo: allí, en 1931, Luis Polo, Antonio Tossolini, Juan Valbonesi crearon la primera pelota de fútbol con cámara de aire y válvula para su inflado. La llamaron Superball y era toda una novedad después de las pesadas y durísimas pelotas de tiento. Allí nació la pelota tal como la conocemos hoy día (amén de la evolución de su diseño y de los materiales que la componen). Y allí se fabricaron las pelotas que se usaron en los mundiales de Francia 1938 y Brasil 1950*.

Esto generó en la ciudad una tradición de fábricas de pelotas, que se mantiene hasta nuestros días, en lucha desigual contra las inmensas multinacionales. Pero, a esta ciudad, el orgullo no se lo sacá nadie. Por eso, en pleno centro, luce un monumento a la pelota de fútbol, que quizás sea el objeto que más gente entiende y disfruta en el mundo entero. Y cuya revolución más profunda se produjo en la capital nacional (¿o mundial?) de la pelota de fútbol: Bell Ville.

*Algunas fuentes señalan el mundial de Italia 1934, como el del debut de la Superball.

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