El Kavanagh: la venganza de Corina

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Por Rael

Si le cuentan que una mujer que es alejada del hombre que ama, manda a construir un edificio de más de 100 metros de altura, uno puede imaginar que lo hizo para arrojarse al vacío desde lo más alto. No es este el caso.

edificio-corina-kavanagh-anchorena-santisimo-sacramento-buenos-aires-argentina-054-054online-2Pero vayamos por partes: los Anchorena eran una acaudalada dinastía aristocrática y terrateniente. Construyeron en 1909 un lujosísimo palacio en Arenales y Esmeralda (una de las obras arquitectónicas más bellas de Buenos Aires) y una opulenta iglesia, a un par de cuadras pero visible desde sus ventanales, que se conoce como Basílica del Santísimo Sacramento (en San Martín 1035), otra verdadera obra de arte. La misma sería el sepulcro de la familia.

Cuenta la leyenda que uno de los Anchorena se enamoró de Corina Kavanagh. Cuando se lo contó a sus padres, estos le exigieron poner fin a ese noviazgo de inmediato: por muy millonarios que fuesen los Kavanagh, no detentaban el abolengo patricio del lustroso apellido Anchorena. ¿El muchacho luchó contra la adversidad, rebelándose y renunciando a títulos y fortuna por amor? “Sí papi”, dijo.

Corina no era tan dócil con el destino: vende dos o tres estancias heredadas y manda construir el edificio más alto de la ciudad en aquel momento, para lo que hubo que llevar a la imponente mole de hormigón hasta los 120 metros de altura.

¿Y dónde hizo construir Corina Kavanagh este edificio? Justo frente a la Basílica, obstruyendo la vista que los Anchorena tenían desde su fastuoso palacio.

edificio-corina-kavanagh-anchorena-santisimo-sacramento-buenos-aires-argentina-054-054onlineContraataque o casualidad, el Edificio Kavanagh (Florida 1065) se inaugura en 1936, año en que el palacio dejó de ser de los Anchorena: es adquirido por el Estado para albergar la Cancillería (llamado desde entonces Palacio San Martín).

En 1999 el edificio es declarado Patrimonio Mundial de la Arquitectura de la Modernidad por la UNESCO y Monumento Histórico Nacional.

La historia de la humanidad está llena de hombres y mujeres que por amor han asesinado, destruido e incendiado, cuando no optaron por acabar con su propia vida. Corina tuvo la paciencia (y el dinero) para que su venganza fuese una fina y voluminosa ironía.

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Insolente, carismático y escurridizo, con cada robo agigantaba su leyenda y la admiración del pueblo. Para colmo simpatizaba con el anarquismo. Demasiada provocación para el poder de entonces. Nació en Santa Fe, pero sus golpes más célebres fueron en La Pampa. Robaba a los poderosos, a los bancos. Vengaba a sus amigos y a los que sufrían injusticias. Repartía el botín. Después desaparecía. Era un fantasma para la policía. Un héroe para los humildes. El Robin Hood de las Pampas. Por eso aún hoy se lo recuerda y venera como a un santo. Y hay libros, canciones, obras de teatro y película sobre su mítica figura.

La gente lo protegía, lo alimentaba y escondía, pero su fuga constante lo lleva a vivir a San Pedro del Atuel, en el sur de Mendoza, con su esposa y sus dos hijas. En 1941, lo emboscaron cerca de 20 policías gracias a una delación. Y al cabo de una balacera infernal, ni siquiera pudieron matarlo. Porque lo que pasó esa madrugada fue un nacimiento. El del mito. Lejos de los bosques de Sherwood. Y sin final feliz.

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