Las huellas digitales de Juan Vucetich

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Por Rael

En Necochea, en 1892, Francisca Rojas denunció que sus dos hijos habían sido asesinados por su vecino.

Diez años antes, había llegado a la Argentina el joven Juan Vucetich, nacido en Croacia. Con el tiempo se encuentra trabajando en la policía de la Provincia de Buenos Aires, con el encargo de desarrollar un sistema de identificación de personas. Cumple creando el primer registro dactiloscópico del mundo, en 1891. Unos años antes, el inglés Francis Galton, descubrió que las huellas digitales de cada persona son únicas e invariables. Conclusiones que Vucetich logró sintetizar, organizar y sistematizar. Sus Instrucciones Generales, publicadas en 1894, son el manual de aplicación de un mecanismo que hoy se usa en todo el mundo, conocido como dactiloscopía.

En la casa de Necochea, ya no  eran manchas aquellas que los dedos ensangrentados del asesino dejaron en la puerta: eran un rastro que ahora podía leerse con precisión. Nunca antes, un delito había sido esclarecido gracias a las huellas que dejan las yemas de nuestros dedos. Y el vecino quedó libre de toda culpa al descubrirse que aquellos dedos eran los de la madre de las víctimas.

Hoy es algo natural, incorporado a los usos de los trámites de identificación y a nadie se le ocurre cuestionar dejar sus huellas registradas. Pero cuando se implementó como obligatorio el registro de personas que incluía fotografía y huellas digitales (1911), fue muy resistido en nuestro país. ¿Fue funcional a la Ley de Residencia (1902) que autorizaba expulsar sin mucho trámite a inmigrantes “indeseables” (o sea comunistas y anarquistas)? ¿Vulnera el principio jurídico según el que todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario?

Lo cierto es que el aporte de Vucetich no le fue reconocido en vida. Pobre y olvidado, murió en 1925, habiéndole dejado al mundo entero un sistema poco menos que implacable.

¡VIVÍ #TUEXPERIENCIA!

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