Facturas rebeldes

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Por Rael

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Solimán el Magnífico (hijo de Selim el Severo), Sultán del Imperio Otomano, rodeó Viena en 1539 durante varios meses. Los reposteros de la ciudad sitiada, se inspiraron en las banderas de sus atacantes que lucían su máximo ícono religioso: una medialuna. Y es así como los vieneses se asomaban a las murallas y mostraban a los moros como se comían una masa con esa forma, profanando el símbolo sagrado musulmán (que es un cuarto creciente, por eso el nombre croissant, que en francés significa creciente). No importaba si eran de grasa o de manteca: la burla enfurecía a los sitiadores, que para colmo jamás lograron transponer las defensas de la ciudad para vengar la afrenta.

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Por Argentina, a fines de siglo XIX, pasó Errico Malatesta, célebre teórico anarquista italiano, que moriría en su país de origen durante el arresto domiciliario al que lo confinara Benito Mussolini. Pero aquí dejó organizado, junto a Ettore Mattei, un combativo sindicato de panaderos (Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos) que con el tiempo fue amasando facturas bautizadas con un toque de hiriente ironía, para aludir, molestar y provocar a las instituciones contra las que se luchcaba: el ejército, la policía y la iglesia. Todo un éxito si se considera que aún hoy en Argentina, las facturas llevan aquellos nombres: cañoncito (cilindro de masa relleno de dulce de leche o crema y baño de azúcar impalpable), bombas (o profiteroles, si no adhiere a esta corriente de pensamiento) vigilante (recta y delgada, a veces decorada con toques de dulce de membrillo o crema), bola de fraile (un bollo azucarado con su correspondiente version rellena con dulce de leche, que precisamente por ser bola de fraile también es llamado con malicia suspiro de monja, escandalosa nomenclatura que algunos han tratado de esconder tras el mote de berlinesa, que, en honor a la verdad, es su nombre original), sacramento (una suerte de panecillo con un corazón de dulce de membrillo o dulce de leche). Incorporados a la cotidianeidad y el folklore gastronómico, ya nadie se horroriza por estos nombres y muchos ni siquiera conocen su origen.

Moraleja
Cuando las tropas turcas rodean nuestra ciudad o cuando el sistema reprime nuestras reivindicaciones, contraatacar con algo de humor ayuda a resistir. Y si tiene dulce de leche, mejor.

 

 

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