Córdoba: relax y adrenalina

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Por Sol Lipcin

¡Emprendí viaje! Salida: Buenos Aires. Destino: Córdoba. Al llegar, con los edificios asomándose desde lejos, me pregunté ¿qué tendrá de diferente de las otras importantes ciudades de Argentina? Las particularidades se hicieron notar de inmediato recorriendo sus calles: la mezcla de edificios históricos y modernos, sus peatonales, el Paseo de las Flores, la Cañada, los Mercados Sud y Norte, la Manzana Jesuítica… ¡hasta los trolebuses! ya que ésta es una de las tres ciudades del país que cuenta con este medio y lo más curioso es que acá son manejados exclusivamente por mujeres.

cordoba cerro colorado mallin cuesta blanca paracaidismo argentina 054 054online-6En busca de destinos poco comunes, me junté con Victor (cordobés) y Mario (amigo de la casa), a diagramar un poco mi viaje. Entre tantas opciones, tres llamaron mi atención: Cerro Colorado, Cuesta Blanca y la Cueva de Los Pajaritos. Y la cuarta se la dejé a Mario, tirarse en paracaídas! Jajaja…

Primer destino: Cerro Colorado, a 160 kilómetros de la capital. Visita obligada al llegar es la casa-museo de Atahualpa Yupanqui, considerado el músico de folclore más importante de Argentina.

Allí me encontré con mi guía, Martín, quien me llevó a conocer una increíbles pictografías. La mayoría representan escenas de la vida cotidiana, rituales, caza, guerras y lo más curioso, y poco común, es la representación de los españoles con sus armaduras y caballos. Dicen que las más antiguas datan de hace 1500 años. ¡Quedé fascinada!

Había llegado el turno de escalar el cerro. Su cima era mi objetivo, me llevó casi una hora alcanzarla, lo que recomiendo hacer con un guía especializado y el calzado adecuado, debido a su dificultad intermedia. Luego de mucho esfuerzo allí estaba ¡en la cumbre! Y hasta tuvimos la suerte de cruzarnos con cóndores. Recorrimos sus cuevas, donde sentí la energía impresionante de este lugar ancestral, utilizado por líderes de comunidades aborígenes para reunirse y compartir rituales que han dejado una impronta mágica en el aire. El Cerro “del perdón”, también conocido con ese nombre, se apiadó de mi en la bajada, que resultó ligera y liviana. Estaba feliz… ¡lo había logrado!

En Mallin, cerca de Tanti, se encuentra la Cueva de Los Pajaritos. Dicen que al lugar lo conocen más “los de afuera” que los mismos habitantes, lo que comprobé averiguando cómo llegar: ninguno había ido nunca. Esto me generó más curiosidad ¿qué escondería esta cueva tan poco conocida? Si bien se alquilan caballos para llegar, tuve la suerte de cruzarme con Verónica y Jorge, que se ofrecieron a llevarme en su auto. El recorrido a pie es verdaderamente misterioso, con grandísimas piedras moldeadas por la erosión que forman diferentes figuras, escaleras naturales, puentes y más. Luego de una serie de pasadizos aparecen “La garganta del Diablo” y la “Lluvia de amor”. Fue como estar en otro mundo. A esta altura sólo queríamos sentarnos, y por suerte encontramos refugio en el “Área Terapia del Alma”.

Esa noche, gracias a un dato de Victor, terminé en un antro under donde se escucha buena música, y en este caso mi preferida ¡una banda de jazz!… con cerveza en mano y en buena compañía.

El tercer destino fue Cuesta Blanca, a 50 km de Córdoba ciudad, por el camino de las Altas Cumbres. Recortada por el río San Antonio, posee el primer balneario natural proveniente de la montaña: la Playa de Los Hippies. Cuando llegué llovía intensamente, este imprevisto me dio la oportunidad de conocer a Roberto y Sandra, quienes me recibieron muy amablemente en su Bar-Proveeduría y me transmitieron con detalle su amor por este lugar tan especial. Declarada como localidad ecológica, sus habitantes se aseguran mediante guiadas que los visitantes sean conscientes del cuidado del medio ambiente. Se dice que un cordobés ermitaño se ocupaba de la limpieza del lugar acampando cerca de la playa “Las tres cascadas”. A pesar de la lluvia, iba a recorrer el lugar, pero cuando estaba por cruzar el puente, un guardia me avisó que lo cerrarían por la crecida del río. Me quedé con las ganas. Estuve un buen rato mirando el paisaje increíble, y antes de que el agua me llegara a los talones, emprendí mi regreso.

Por suerte para Mario el tiempo había mejorado y finalmente saltó!!! A su regreso me mandó un mail:

DCIM100GOPRO

Me pedís que te cuente algo que es imposible contar. Es ¡demasiado! impresionante. Llegué a Alta Gracia y me encontré con Javier, el paracaidista, y el resto del equipo. Sacaron el avión (Sesna) del hangar, una breve explicación y ¡a volar!. Cuando estamos a 2.500 metros de altura, llegó el momento. ¡Qué momento! Sacás las piernas y quedás sostenido sólo por el arnés que te une al instructor y cuando él se suelta… ¡estás volando! Cuando ves la panza del avión… eso es mágico. En caída libre íbamos a 230 km/h. Son casi 30 segundos en los que caés ¡¡¡1.600 metros!!!! ¡Ves la redondez del planeta! La sensación es tremenda. Emociona. Después el instructor abre el paracaídas y son 7 minutos de placer, viendo la ciudad, las sierras, el Dique Los Molinos, los campos divididos en cuadraditos amarillos y verdes. Aterrizás como si hubieras saltado desde una silla. Te dan un cd con fotos y un dvd con un video de tu salto. Juré volver a hacerlo. Cuando vuelvas a Córdoba te tenés que animar. No hay nada que se le parezca a esta experiencia a-lu-ci-nan-te. Un beso. Mario

Como dice Mario, seguro volveré a Córdoba. Pero animarme al paracaídas… mmmm…

El último día lo pasé junto a Natalia, una amiga del hostel, recorriendo la feria de Güemes, donde se respira un clima bohemio muy atractivo y pasando un buen rato entre sus calles percibiendo la esencia de la idiosincrasia cordobesa que difícilmente podré olvidar.

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¡VIVÍ #TUEXPERIENCIA!

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