El monje, la isla y la bahía de Samborombón

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bahia-de-samborombon-mitos-leyendas-buenos-aires-argentina-1-054-054onlinePor Rael

Es uno de los detalles más característicos en el contorno del mapa de Argentina. Y un rasgo tan especial merecía una historia curiosa que explique su origen.

En su Carte de la Barbarie de la Nigritie et de la Guinée de 1707 (un mapa del norte de África), el obsesivo cartógrafo francés Guillaume Delisle, hizo una anotación al oeste del archipiélago de las Islas Canarias: Ence parage quelques auteurs ont placé la fabuleuse Isle de St. Borondon. En realidad, no había pruebas concretas de la existencia de tal isla, pero no vaya a ser cosa que un día apareciera definivamente y el detalladísimo mapa no dejara registro de ella. Y es que, según la tradición canaria, la Isla de San Borondón emergía para volver a hundirse en el océano una y otra vez.

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Llevaba ese nombre en honor a San Brandán, “el navegante”, santo patrono de los marineros, un monje irlandés que allá por el siglo VI emprendía intrépidas travesías por los mares conocidos y por explorar, en busca de paganos a los que convertir al cristianismo. Y así se transformó en carne de leyendas. Como aquella que cuenta que desembarcó y ofició misa en una isla que de pronto se empezó a mover, por lo que terminaron descubriendo que en realidad estaban en el lomo de una ballena.

Hablando de intrépidas travesías, pasemos a una expedición que, dando la vuelta al mundo, pasó frente a la costa de lo que hoy es la provincia de Buenos Aires en los primeros días de 1520. Aquellos hombres que acompañaban al adelantado Fernando de Magallanes, vieron que en plena prominencia que iba formando un círculo saliente hacia el este, de pronto se formaba una gran bahía, interrumpiendo la redondez que luego seguía su curva hacia el poniente. Y, como buenos marineros, se crearon una historia para contar cuando volvieran a casa: de allí se había desprendido aquella isla mágica, que remontó el Atlántico (vaya uno a saber cómo) hasta instalarse cerca del archipiélago canario. Por eso llamaron igual a esa bahía: San Borondón. El tiempo hizo que aquel nombre musical y juguetón, como la ínsula que aparecía y desaparecía, fuera mutando hasta convertirse en Samborombón.

Eso sí, seguimos sin tener precisiones sobre qué pasó con ese bocado de tierra bonaerense allá en los mares del norte, porque de aquella isla mitológica hace mucho que no se tienen noticias.

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